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Columna

ARTROSIS

¿Qué es la artrosis ?

Todas nuestras articulaciones están formadas por 2 o más huesos; y la superficie que cubre cada uno de los extremos de los huesos que forman la articulación es el cartílago articular.

El cartílago articular es un tejido muy específico, que forma una superficie completamente pulida y congruente para que se produzca el correcto movimiento entre los dos huesos, dándole de esta manera la movilidad a la articulación; y, por tanto, a nuestro cuerpo. Pues la artrosis es el desgaste del cartílago articular en una o varias articulaciones.

Es decir, es la degeneración de este tejido tan especializado, tan pulido, formado por proteoglicanos que le confieren su resistencia, su forma, etc.; y lo que aparece por debajo cuando se ha perdido parte del cartílago es el hueso subcondral; por tanto, la articulación pierde su función y aparece inflamación, deformación, edema, dolor e impotencia funcional.

¿Cómo se produce?

La lesión consiste en el desgaste y degeneración del tejido condral; es decir, del cartílago y puede producirse: por sobre uso, por edad avanzada o por traumatismos.

También está influenciado por la existencia de algún tipo de patología inflamatoria; por malas posturas, por gestos mecánicos mal realizados que fuerzan mucho más unas articulaciones que otras favoreciendo de esta manera el desgaste; por microtraumatismos u otras lesiones que afectan a este cartílago.

¿Cuales son los síntomas?

Principalmente es el dolor. El paciente suele experimentar dolor con los cambios de tiempo. Además, también es común que aparezca en la articulación afectada: RIGIDEZ ARTICULAR inflamación, impotencia funcional, debilidad muscular.

La deformación de los huesos y de la articulación puede hacer sentir al paciente como escuchar arenilla, crujir los huesos, el signo del cepillo. Podremos tener distintos grados de la lesión en función de cuanto esté afectada: desde el grado 1 al 4; cada uno acompañado de más o menos de los síntomas descritos.

¿Cómo se trata?

Primero identificaremos la lesión; para eso tenemos a nuestra disposición una serie de herramientas diagnósticas además de las complementarias como la radiografía o la resonancia magnética.

Una vez identificada la lesión y su grado, pasaremos a la aplicación del tratamiento adecuado según el grado de la lesión, según la articulación afectada y según los objetivos y características del paciente.

Para ello emplearemos técnicas como el control motor: para fortalecer y proteger mediante la musculatura y evitar que toda la carga recaiga sobre la articulación; osteopatía: para liberar la articulación, las fascias y para identificar y tratar las partes del cuerpo que puedan estar influenciando o perjudicando la articulación; kinesiotaping: para ayudar a reducir la inflamación y mejorar la congruencia articular; La punción seca; cuando parte del dolor que sufre el paciente esté derivado por el dolor miofascial. Fisioterapia: tanto para reducir la inflamación como el dolor y poder llevar un seguimiento y un plan de actuación para hacer frente a este problema tan común en los pacientes de edad más avanzada.

Fisioterapia-Osteopatía Rafael Borruel

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